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Con la mira en el futuro

Fuente: Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte

Ni los países de América del Norte ni el subcontinente en su conjunto viven aislados: el futuro de la región influirá en los sucesos internacionales y, a su vez, se verá influido por éstos.


Tener la mira en el futuro es identificar adónde podrían llevarnos las fuerzas y tendencias en los años venideros, pero sin olvidar la incertidumbre que hacer proyecciones siempre entraña.

Aun reconociendo que intentar predecir el futuro es una misión condenada al fracaso, es mucho lo que puede aprenderse cuando se barajan las posibilidades.

El año 2030 se encuentra en los horizontes de planeación y definición de políticas de muchos segmentos de la sociedad.

El futuro es, y siempre será, el reino de lo desconocido. Sin embargo, hay mucho que ganar si tratamos de entender la gama de lo posible, a fin no sólo de prepararnos para lo que pueda pasar, sino también —lo que es igualmente importante— para aplicar medidas que permitan trazar un rumbo hacia horizontes más deseables. Éste es el espíritu plasmado en el informe Perspectivas Ambientales en América del Norte para el año 2030, elaborado por el Secretariado de la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA) de América del Norte, el cual analiza lo que estudios recientes dicen sobre el futuro, previendo que, aun cuando  todavía faltan dos décadas, el año 2030 se encuentra en los horizontes de planeación y definición de políticas de muchos segmentos de la sociedad. Las decisiones que tomemos hoy —así como las que ya se adoptaron en años recientes— contribuirán en gran medida a determinar la calidad del medio ambiente y los desafíos ambientales, sociales y económicos relacionados que tendremos entonces.

El intento de escudriñar en el futuro se encuentra lleno de incertidumbres, no sólo en lo que se refiere al funcionamiento de los sistemas sociales y naturales, sino también a las decisiones tomadas por los individuos y por la sociedad en su conjunto. Por ello, no debe sorprendernos que sólo unos cuantos estudios se hayan propuesto examinar en forma estructurada el futuro del medio ambiente. Pero, pese al número limitado de estudios disponibles y las limitaciones de la proyección del futuro en general, la revisión del informe conformado por el CCA deriva mensajes cruciales, que bien vale la pena considerar como punto de partida para proyectar acciones pertinentes que en el presente nos permitan atenuar el impacto. Para tal efecto, el informe los ha agrupado en tres categorías:

La gama de las proyecciones para muchos asuntos ambientales y sus fuerzas motrices es amplia.
Los estudios revisados, y los diversos escenarios que en ellos se presentan, difieren en cuanto a sus hipótesis sobre las decisiones que habremos de tomar, ya sea como individuos o como sociedad. Una mayor variación tanto en las hipótesis como en los resultados pone de manifiesto los aspectos en los que nuestras acciones pueden incidir en mayor medida para el año 2030.

Los asuntos con proyecciones más variables de un escenario a otro incluyen:
•            Uso de energía y emisiones relacionadas.
•            Uso de agua y tratamiento de aguas residuales.

Cabe esperar cambios considerables, que representarán grandes desafíos, en muchos problemas ambientales y sus fuerzas motrices.
En este caso, lo considerable no sólo se refiere a la magnitud de un cambio, sino también a su orientación y persistencia; la medida en que se aproxima a los umbrales críticos o los rebasa, y sus repercusiones en la sociedad.

Entre los desafíos más importantes probablemente figuren:
•            Calentamiento continuo y acelerado, en particular en el Ártico.
•            Pérdida continua de la biodiversidad terrestre.
•            Persistencia de niveles elevados de ozono troposférico en zonas urbanas.

Hay lagunas importantes en el acervo actual de conocimientos sobre las perspectivas ambientales.
Aun reconociendo que intentar predecir el futuro es una misión condenada al fracaso, es mucho lo que puede aprenderse cuando se barajan las posibilidades. Con todo, hay problemas importantes que no han recibido suficiente atención y que, por ello, tienen menos probabilidades de ser considerados en las medidas que se adopten, incluidas las políticas.

Entre los problemas dignos de mayor atención figuran:
•            Crecimiento de las zonas urbanas y superficies edificadas.
•            Calidad y disponibilidad del agua dulce y de las aguas freáticas.
•            Efectos específicos del cambio ambiental en la salud y la economía.
•            Efectos del consumo en América del Norte sobre el medio ambiente de otras regiones y viceversa.

Estos asuntos apuntan a un conjunto de acciones interrelacionadas que ameritan consideración: abordar los cambios a los que sea posible aplicar medidas basadas en políticas a corto plazo; prepararse para aquellos cambios que son casi inevitables a corto plazo, pero a los que podrían aplicarse medidas basadas en políticas a más largo plazo, y fortalecer nuestros conocimientos sobre los cambios acerca de los cuales sabemos menos.

A la luz de los factores de deterioro social y ambiental que hoy enfrentan América del Norte y el mundo. Homer-Dixon (2008) destaca tres aspectos de estos factores de deterioro: la convergencia, la sinergia y la complejidad. Enfrentamos la convergencia de múltiples factores de deterioro; los efectos de éstos son resultado no de cada uno de ellos, sino de su sinergia, y dada la complejidad de los sistemas en juego, los cambios resultantes son a menudo impredecibles.

METAFUERZAS
Acontecimientos sociopolíticos
En América del Norte, la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Canadá y Estados Unidos en 1988 y cinco años después la del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con México, junto con sus acuerdos paralelos —el Acuerdo para la Cooperación Ambiental de América del Norte (ACAAN) y el Acuerdo de Cooperación Laboral de América del Norte (ACLAN)—, anunciaron un periodo de interdependencia cada vez mayor entre Canadá, Estados Unidos y México. En los 15 años posteriores a la firma del TLCAN el comercio trilateral se triplicó a un volumen de casi un billón de dólares en 2008, lo que ha hecho que la economía de América del Norte esté más integrada que nunca. En 2005, los socios del TLCAN lanzaron la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN), a fin de fortalecer su colaboración en diversas áreas, entre otras: energía, gestión de emergencias, compatibilidad de su respectiva reglamentación, seguridad alimentaria, protección ambiental y seguridad fronteriza.

Esta tendencia a una interdependencia cada vez mayor se observa también a escala mundial. El crecimiento del comercio internacional en los últimos 15 años ha propiciado una mayor integración en los mercados mundiales de capitales y de productos, el rápido ascenso de las empresas multinacionales con sede en economías emergentes y una mayor prosperidad para cientos de millones de personas. Destaca en particular el surgimiento de nuevos actores en la escena mundial: Brasil, Rusia, India y China, a menudo definidos como “bloque BRIC” o más recientemente “bloque BRIICS”, con la adición de Indonesia y Sudáfrica. En los próximos 25 años, los países del bloque BRIC, que ya representan 14 por ciento del PIB mundial a la paridad del poder adquisitivo (PPA), probablemente adquieran mucho mayor fuerza en la economía mundial gracias a sus mayores tasas de crecimiento y grandes poblaciones. Algunos expertos predicen que en los próximos 40 años China y la India podrían llegar a ser los proveedores mundiales dominantes de bienes manufacturados y servicios, respectivamente, mientras que Brasil y Rusia podrían alcanzar un dominio similar como proveedores de materias primas (Wilson y Purushothaman, 2003).

La globalización económica ha ido acompañada de avances tecnológicos en comunicaciones, un crecimiento en la cantidad de viajes y un intercambio cultural sin precedente. También se han registrado avances importantes en la gobernanza internacional. En el terreno ambiental, la mayor prueba de ello es la cantidad de acuerdos sobre temas como el cambio climático, la biodiversidad y el movimiento transfronterizo de residuos peligrosos. No obstante, es justo decir que, en general, las instituciones, las leyes y los mecanismos de financiamiento internacionales establecidos para proteger el medio ambiente mundial aún no han alcanzado el desarrollo y los efectos de sus equivalentes en el ámbito económico, como la OMC (incluso con las dificultades de la actual ronda de negociaciones).

Cambios ambientales globales
El desarrollo continuo de América del Norte ocurrirá cada vez más en el contexto del cambio global del medio ambiente, término que en el presente informe se usa para hacer referencia específica a alteraciones de alcance mundial que originan tendencias ambientales y socioeconómicas en el subcontinente. En un mundo cada vez más interdependiente, América del Norte no puede aislarse de tales cambios. Incluso cuando no lleguen a afectar directamente el medio ambiente de la región, pueden hacerlo de manera indirecta aumentando la competencia por los recursos, exacerbando las tensiones políticas y económicas a escala regional, y generando nuevas pautas migratorias. Además, mediante sus propias actividades —por ejemplo, la emisión de contaminantes transfronterizos y la importación de una amplia gama de productos y recursos cuyos costos ambientales se concentran en el punto de producción—, América del Norte contribuye de manera importante a esas alteraciones.

Entre los cambios ambientales globales más señalados se cuentan:

  • Se espera que los efectos ambientales y socioeconómicos adversos del cambio climático se intensifiquen en los próximos 25 años, sobre todo a causa de las alteraciones en la disponibilidad de agua en muchas regiones y la incidencia creciente de fenómenos meteorológicos extremos.
  •  Las pérdidas en la biodiversidad van en aumento, lo que tiene consecuencias adversas en la capacidad de los ecosistemas para prestar servicios.
  •  Se espera que las especies invasoras sigan propagándose, provocando estragos ambientales y económicos considerables.
  •  La capa de ozono estratosférico habrá de recuperarse por completo, pero no antes de la segunda mitad del siglo.
  •  La contaminación transfronteriza del aire y el agua seguirá siendo un problema y tal vez el cambio climático lo exacerbe, a pesar de la disminución de emisiones en algunas regiones.
  •  La mayoría de las pesquerías marinas se sobreexplotan y muchas de ellas ya han empezado a sufrir mermas; sin embargo, continúa el debate sobre su futuro.
  •  La degradación del suelo continúa siendo un problema mundial. Aunque es menos pronunciada en América del Norte, puede tener efectos indirectos en la región.

 

FUERZAS MOTRICES

Las fuerzas motrices —también llamadas “factores indirectos”— representan aquellos factores que dan lugar a actividades que, a su vez, influyen directamente en el medio ambiente. A menudo, estas fuerzas motrices se complementan con otros factores sociopolíticos y culturales. He aquí algunas proyecciones recientes relacionadas con las pautas demográficas, la actividad económica y la tecnología.

Pautas demográficas
Una mayor población ejercerá una mayor presión en el medio ambiente. Al mismo tiempo, otros factores demográficos pueden tener alguna influencia. Por ello es importante ir más allá del mero tamaño de la población y considerar también cuestiones como la migración, la urbanización y la distribución por edad (estructura etaria) de la población.
En 2005 la población de América del Norte era apenas superior a los 435 millones —32 millones (7.4 por ciento) en Canadá, 300 millones (68.7 por ciento) en Estados Unidos y 104 millones (23.9 por ciento) en México—, lo que representa 6.7 por ciento de la población mundial (ONU, 2007). En el periodo comprendido entre 2005 y 2030 la población de la región aumentará entre 18 y 21 por ciento, aproximadamente, lo que arrojará un total de 515 a 530 millones de habitantes en 2030. Según las proyecciones, de 2005 a 2030 la población de América del Norte aumentará entre 60 y 135 millones de personas, es decir, entre 14 y 31 por ciento. Se proyecta que la población del subcontinente sea cada vez más urbana, y se espera que la distribución demográfica entre países se mantenga más o menos constante y que el porcentaje de la población mundial correspondiente a América del Norte disminuya un poco: de 6.7 a 6.4 por ciento, aproximadamente.

Si bien resulta difícil proyectar la migración internacional, hay varios estudios que incluyen hipótesis básicas sobre sus pautas a futuro. En la actualidad, México es uno de los países con niveles más altos de emigración neta, en particular a Estados Unidos, tendencia que se espera continúe. La División de Población de las Naciones Unidas calcula que en promedio 360,000 mexicanos emigrarán cada año entre 2005 y 2010, muchos de ellos a Estados Unidos. Canadá y Estados Unidos experimentan niveles importantes de inmigración neta: aproximadamente 200,000 y 1,200,000 personas al año, respectivamente, según cálculos de la ONU. Este fenómeno, el cual impacta en el factor seguridad, provocará un aumento en las estrategias de fronteras cerradas, impactando las economías consecuentemente.

En 2005, la mayoría (poco menos de 80 por ciento) de la población de América del Norte vivía en zonas urbanas. Para 2030 se prevé un crecimiento de la población urbana en los tres países, de modo que casi 86 por ciento de los habitantes de América del Norte vivirá en zonas urbanas. Éste es un dato significativo, pues implica una disminución absoluta de la población rural en los tres países: de cinco por ciento en Canadá, 17 por ciento en Estados Unidos y 12 por ciento en México.

En toda la región se espera un envejecimiento importante de la población. En 2005, las personas de 65 años o mayores representaban 13.1 por ciento de la población en Canadá, 12.3 en Estados Unidos y 5.8 en México. Para 2030 se prevé que estas cifras aumenten a 23.2, 19.4 y 12.3 por ciento, respectivamente, al tiempo que el porcentaje de la población menor de 15 años disminuye, con mayor rapidez en México. Estas variaciones se reflejan en el índice de dependencia: la razón de personas menores de 15 años y mayores de 64 en relación con el número de personas entre 15 y 64 años, que tradicionalmente representan la mayor parte de la fuerza laboral. Este índice aumentará en Canadá y Estados Unidos, mientras que en México seguirá a la baja durante parte del periodo antes de equilibrarse y volver a aumentar después de 2025.

Actividad económica
Como ocurre con la población, si todo lo demás permanece igual, una mayor economía ejercerá más presión en el medio ambiente en razón de una mayor demanda de insumos materiales obtenidos o derivados del entorno natural y mayores cantidades de subproductos que se descargarán en él. No hay que olvidar la fuerte correlación entre el ingreso per cápita y el consumo individual. Por último, la forma en que la economía esté integrada es importante, pues distintos sectores pueden tener diferentes niveles de efecto por unidad de actividad.

Se espera que el crecimiento económico de América del Norte continúe siendo sólido hasta 2030. América del Norte seguirá siendo un actor importante en la economía mundial. La mayoría de los escenarios de análisis proyectan que el ingreso per cápita en los tres países aumentará, aunque en Estados Unidos y Canadá se espera que apenas tendrán un aumento del 40 por ciento, mientras México duplicaría su ingreso. No obstante el optimismo conferido a México, éste seguirá rezagado respecto a Canadá y Estados Unidos.

De acuerdo con los resultados, no se prevén cambios radicales de aquí a 2030 en la composición sectorial de la actividad económica al interior de cada país. Hoy día, el sector de servicios predomina en los tres países y continuará aumentando su participación, en especial en Estados Unidos, donde representa casi 70 por ciento de la economía. El porcentaje de la producción económica generada en el siguiente sector más importante —la manufactura— se mantendrá bastante constante. Se proyecta que los sectores de tecnologías de información y comunicación, por un lado, y materiales, por el otro, crezcan en los tres países, pero ambos a partir de un nivel actual reducido. Si bien se prevén algunas reducciones pronunciadas en la participación de la agricultura y el sector energético, esta menor participación no necesariamente se traducirá en una disminución absoluta del tamaño de dichos sectores dado el crecimiento general de las economías.

Tecnología
La tecnología es un elemento fundamental para identificar el impacto humano en el medio ambiente. Así como los factores demográficos y económicos determinan en gran medida la magnitud de nuestros deseos, la tecnología es lo que define la forma en que los satisfacemos.

El cambio tecnológico puede reducir las presiones ambientales mediante una mayor eficiencia que, a su vez, permita reducir el uso de recursos y la producción de residuos respondiendo al mismo nivel de demanda. Ahora bien, esta menor presión por unidad de demanda puede traducirse al mismo tiempo en un aumento de las presiones generales si da lugar a una mayor demanda, fenómeno conocido comúnmente como “efecto de rebote”. Un ejemplo a escala individual: la compra de un auto más eficiente en el consumo de combustible y, por ende, de uso menos costoso, puede dar lugar a que una persona conduzca más. De hecho, a escala social, el avance tecnológico ha sido fundamental para el crecimiento tanto de la población como de la economía. El cambio tecnológico también puede generar mayores presiones cuando crea productos y demandas nuevos (por ejemplo, equipo electrónico y los correspondientes “residuos electrónicos”). Puede, en síntesis, tener efectos positivos en un aspecto del medio ambiente, pero negativos en otro. Por ejemplo, el uso de biocombustibles puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pero también ejercer una presión adicional en los recursos terrestres, a menudo a costa de la biodiversidad. Por ende, en muchos casos, los efectos agregados del cambio tecnológico son ambiguos o inciertos.

En la mayoría de las proyecciones en materia ambiental, las hipótesis sobre el cambio tecnológico se imponen de manera exógena. Se espera que en las décadas venideras las nuevas tecnologías transformen a las sociedades, al menos en la misma medida en que lo han hecho en las décadas anteriores, pero en ningún estudio se prevén avances tecnológicos realmente revolucionarios de aquí a 2030.
Desde luego, cuando se trata de modelos cuantitativos, los supuestos generales deberán adoptar la forma de cambios en factores específicos, como: eficiencia en el consumo de energía y agua, coeficientes de emisión de contaminantes, producción agropecuaria, costo y disponibilidad de ciertos recursos, e índices de cambio en la productividad económica general.

PRESIONES

La humanidad interactúa permanentemente con el entorno natural, transformándolo. Nuestra existencia depende de la explotación de los recursos naturales. A la larga, estos recursos se devuelven al medio ambiente, a menudo en forma de lo que denominamos “contaminantes” por sus efectos negativos.
Estos flujos —de lo que se toma del entorno y luego se devuelve al mismo— son los factores de presión que ocasionan cambios en el estado del medio ambiente. En importante medida, su magnitud y naturaleza están determinadas por las fuerzas motrices abordadas anteriormente, es decir: el tamaño y la composición de la población, el nivel y el carácter de la actividad económica, al igual que la tecnología disponible.

A continuación se analiza lo que los estudios señalan respecto a una serie de flujos que podrían cambiar en América del Norte en las próximas décadas. En lo relativo a la extracción, producción y uso de recursos, la atención se centra en recursos energéticos, agua, productos agropecuarios, productos forestales, biota marina y otros recursos, en especial minerales. Por cuanto a la generación de desechos y residuos, se incluyen emisiones de gases de efecto invernadero, contaminantes atmosféricos de criterio y descargas de agua contaminada (de aguas residuales y de fuentes difusas). Lo ideal habría sido considerar en todos los casos el comercio internacional, pues permite separar geográficamente la extracción, la producción, el uso y la eliminación de muchos recursos; sin embargo, esto fue posible sólo en algunos casos, sobre todo en lo concerniente a la energía y los alimentos, aun cuando se reconoce que América del Norte es un destacado importador neto de muchos productos, incluidos los de la pesca marina (FAO, 2007).

Extracción, producción y uso de recursos
En cuanto a la producción energética, parece que la producción de petróleo y gas natural decaerá en Estados Unidos, la de gas natural y energía nuclear crecerá en México y la de hidroelectricidad aumentará en Canadá; asimismo, la producción de otras energías renovables será mayor en los tres países. Para ser más específicos, se espera que la producción energética de Canadá siga creciendo hacia 2030, pues se prevé que la producción petrolera total aumente como consecuencia directa de una mayor producción de las arenas bituminosas (NEB, 2007). En general, también se espera un aumento de la producción energética estadounidense hacia 2030 (US EIA, 2007). Se proyecta que la producción de carbón rebase la de otros combustibles, lo que será atribuible tanto a una oferta nacional muy grande como a un aumento de la demanda.

En cuanto al uso de energía, los estudios presentan una amplia gama de posibilidades para el uso de energía en América del Norte hacia 2030. Los escenarios proyectan un aumento en el consumo total de energía hasta 2015 en los tres países, aunque en cada escenario, los mayores aumentos proyectados en el consumo total de energía corresponden a México: más del doble. Aun así, se proyecta que Estados Unidos mantenga el liderazgo en consumo total de energía en América del Norte, pues en todos los escenarios se le asigna una participación superior a 80 por ciento. Al comparar los datos se observa que la región, en su conjunto, seguirá siendo un importador neto de recursos energéticos; ello so- bre todo en función de las proyecciones de consumo para Estados Unidos. Por su parte, Canadá y México continuarán como exporta- dores netos de energía.

En todos los escenarios se proyecta un declive de la intensidad energética —el consumo de energía por unidad de PIB— en los tres países, pero con mayor rapidez en Estados Unidos y Canadá que en México. Según las proyecciones, en todos los escenarios Canadá seguirá teniendo la mayor intensidad energética. Sin embar- go, es importante ubicar estos resultados en contexto, pues una parte importante del uso de energía en Canadá y México se relaciona con la producción de energía para exportación.

Se espera que en Canadá haya una mayor contribución de la energía hidroeléctrica que en Estados Unidos o México, pero en estos dos países se proyectan grandes aumentos en energía solar y eólica.

Respecto a la extracción de agua, los estudios señalan que las extracciones de agua dulce en América del Norte exceden hoy los 600,000 millones de metros cúbicos al año. Canadá y Estados Unidos extraen un volumen de agua per cápita considerablemente mayor que el extraído por México. Para América del Norte en su conjunto, la agricultura (aproximadamente 45 por ciento) y la generación eléctrica (alrededor de 40 por ciento) ejercen un predominio en la extracción de agua. Canadá extrae un volumen significativamente mayor de agua para la generación eléctrica que para la agricultura; en México ocurre lo contrario, y Estados Unidos se ubica en un nivel intermedio en este aspecto.

Se proyecta un aumento de aproximadamente diez por ciento en la extracción total de agua en América del Norte, con el crecimiento más veloz en los sectores residencial y manufacturero, y una disminución absoluta del uso de agua en la agricultura. Las diferencias en el consumo de este recurso serán reflejo de la aplicación de tarifas más congruentes y generalizadas para el líquido y la reducción de los subsidios a su consumo en cada país, así como las diferencias en el crecimiento demográfico y la actividad económica general.

En cuanto al uso de otros recursos, América del Norte seguirá siendo un importante exportador de productos agropecuarios. Anteriormente poníamos de relieve el importante papel del sector agropecuario en la demanda de agua. Este sector es también un usuario predominante del suelo y de otros recursos como los fertilizantes.
La producción total en América del Norte excede ya los mil millones de toneladas. Alrededor de 90 por ciento son productos agrícolas (de origen no-animal), un poco menos en Canadá y Estados Unidos y un poco más en México. Se muestra una distribución similar en la demanda de productos agropecuarios. Sin embargo, cabe señalar que una parte de la demanda, y por tanto de la generación, de productos agrícolas es para uso en la producción pecuaria. En 2005, la demanda de alimento para cría de animales dio cuenta de 41, 30 y 21 por ciento de la demanda agrícola total en Canadá, Estados Unidos y México, respectivamente. La producción aún  rebasa la demanda total, debido a que el subcontinente es un exportador neto de productos agropecuarios. A pesar de que la demanda per cápita de productos tanto pecuarios como agrícolas (de origen no-animal) es menor en México en comparación con Canadá y Estados Unidos, las proyecciones de los escenarios indican que la producción agropecuaria total aumentará entre 60 y 75 por ciento en la región, con aumentos porcentuales incluso mayores en México, donde la producción se duplicará con creces. Por otro lado, también se proyecta un aumento de la demanda total de productos agropecuarios en América del Norte, en este caso de entre 45 y 55 por ciento. De nuevo, los mayores incrementos se esperan en México. La diferencia en el crecimiento de la producción y la demanda se traducirá en un aumento en las exportaciones netas de la región.

Generación de residuos y descargas en el medio ambiente
Sobre este punto en particular, se espera que las futuras emisiones de gases de efecto de invernadero varíen mucho, dependiendo de las políticas de cada país. Se calcula que fluctuarán en un rango entre el 40 por ciento de aumento a el 25 por ciento de disminución. Actualmente, las emisiones per cápita en Canadá y Estados Unidos figuran entre las más altas del mundo. En 2005, América del Norte en conjunto generó alrededor de 20 por ciento de las emisiones mundiales totales de GEI. El uso de energía fue la fuente predominante en los tres países, aunque en México casi 40 por ciento de las emisiones provino del uso del suelo. Canadá y Estados Unidos seguirán superando con creces a México en lo que respecta a emisiones de GEI per cápita. Pero se proyecta un aumento de los niveles de emisiones per cápita de los tres países.

Se espera una reducción de las emisiones de importantes contaminantes atmosféricos, pero también variarán con base en las políticas. Asimismo, se espera un aumento en el volumen de descarga de aguas no tratadas. Se espera que las descargas y flujo de nitrógeno – importante fuente de contaminación del agua- aumente en Canadá, se reduzca en Estados Unidos y se mantenga constante en México.

 

 

 


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