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Septiembre 2005
LA CONTRIBUCIÓN MEXICANA A LA TRANSICIÓN CHINA
Por Roberto Charvel

Defensa y estrategia frente a la economía china (Parte II y última)
"China no es una amenaza latente, es una realidad". Así daba comienzo la primera parte de este artículo publicada en el número pasado de agosto. "A principios de los años noventa, la economía china era tan sólo 1.48 veces la economía mexicana. En los últimos quince años, la tasa de crecimiento promedio de China fue de 9.29 por ciento, mientras que la de México fue de 3.13 por ciento." ¿Qué pasó? ¿Dónde se perdió México? ¿Se puede aún retomar el rumbo?

En 1949, después de la Liberación Comunista, China empezó a desarrollar su propio modelo económico. Poco a poco se alejo del modelo soviético hasta llegar al rompimiento Sino-Soviético en 1958; pero tampoco adopto el modelo de mercado. El objetivo de China era volverse autosuficiente. Para 1976 el comercio casi desapareció y no hubo inversión extranjera directa. La economía se diseñó basándose en miles de células productivas independientes que podrían sobrevivir en el caso de guerra o invasión. Sin embargo, 1976 fue el año decisivo para la economía china.

En 1976 el aparato político que soportaba este sistema productivo se agotó. La Gran Revolución Cultural Proletaria (1966-1976) no fue capaz de traer los beneficios prometidos después de una generación de sacrificio. Después del temblor de Tangshan en 1976, a la población civil le quedo claro que los líderes chinos y el sistema de gobierno estaban rebasados. Ese mismo año, la muerte de Mao creó la oportunidad para el cambio.

Den Xiaoping, el gran reformista de China, tomó el poder en 1978 ideando el cambio de rumbo de la economía china: El plan se bautizó como "las cuatro modernizaciones" cuyo objetivo era el desarrollo económico por cualquier medio. Los pasos a seguir eran aparénteme sencillos: Liberalizar la producción agrícola, atraer la inversión extranjera, establecer una agresiva política de exportaciones y disponer de zonas especiales para desarrollar una base industrial lo más amplia posible. Sin duda, y gracias a "las cuatro modernizaciones", su frase celebre " es glorioso hacerse rico" dejo de ser sólo una serie de letras perdidas en los libros de texto.

El gobierno chino mandó a varios funcionarios a estudiar diferentes modelos de industrialización incluyendo los de Taiwán, Corea, Singapur, Puerto Rico, Jamaica y México. Entre los miembros que vinieron a México aparentemente vino Jian Zemin heredero de Den Xiaoping y quien luego fuera presidente de China hasta el 2004.

La comitiva china visitó Ciudad Juárez, Tijuana, Nuevo Laredo, Tecate y Mexicali en 1978. Visitaron plantas industriales, platicaron con directores de empresas extranjeras con operaciones en México y analizaron el modelo de industrialización mexicano planteado por la Secretaria de Comercio e Industria y el Programa Nacional Fronterizo (PRONAF).

La idea principal que se llevaron de nuestro país fue la visión estratégica que planteaba de no sólo desarrollar la IME sino de vincular a la industria local en el proceso de exportación. A diferencia del modelo de la industria de la exportación en boga en esos años, como el de Puerto Rico y Jamaica, el diseño del modelo mexicano tenía como factor diferenciador el objetivo de desarrollar una industria nacional privada y robusta que sirvieran de provisión para las exportaciones.

El modelo mexicano se adaptó y mejoró por los funcionarios chinos para vincular a la industria local en el proceso exportador y desarrollar una estrategia sustentada en siete pasos cuya aplicación comenzó en 1978 (13 años después que en México) y cuya última fase esta planeada para el 2015. El modelo actual mexicano (después de 40 años) no ha podido implementar la segunda fase, la cual China implementó en 1984. El modelo mexicano tiene algunas similitudes con las fases uno y tres; aunque no existe un concepto de zonas y tampoco se abarcan todos los conceptos.

1. Zona económica especial
1978 Manufactura de alto contenido de mano de obra con bajo nivel técnico, similar al esquema de la industria maquiladora de México. Este esquema ya no se incentiva en China. Existen 15.

2. Free trade zone.
1984 En México el esquema similar es el Recinto Fiscalizado Estratégico, que a la fecha solo hay uno autorizado en San Luis Potosí y no está funcionando ya que falta desarrollar la infraestructura y los servicios del Recinto. Existen 14

3. Zona de procesamiento de exportación.
1987 Están enfocadas a desarrollar exportaciones proveyendo infraestructura logística y beneficios fiscales. Incluyen aduanas integrales. Existen 15.

4. Zona de desarrollo eco. y tecnológico.
1989 El gobierno central es el desarrollador y propietario de estas zonas en las cuales les ofrece beneficios especiales a las empresas que se establecen ahí, tales como terrenos gratuitos, financiamiento a tasas muy bajas e incentivos fiscales. Existen 54.

5. Zona de desarrollo de manuf. Hi tech.
1995 El objetivo de esta fase fue lograr que China atrajera empresas de alta tecnología en donde se involucrara no sólo la mano de obra local, sino que se desarrollara una industria china de alta tecnología paralela y/o de soporte. Existen 53.

6. Desarrollo o compra de marcas.
2000 Lenovo, por ejemplo, la empresa más grande de China de PC's, compró la división de computadoras personales de IBM. Haier, empresa de línea blanca y electrodomésticos de China ha penetrado el mercado de Estados Unidos bajo su misma marca.

7. Posiciona-miento global.
2015 Lograr desarrollar 50 empresas trasnacionales, 500 medianas y 5,000 pequeñas orientadas a la exportación.

La pregunta correcta no es si China es una amenaza para México, sino si México es una amenaza para México.

El origen del proyecto maquilador mexicano

La IME surgió en el gobierno de Díaz Ordaz. Las entidades gubernamentales involucradas en la implementación de este programa eran: la Secretaría de Hacienda, la de Industria y Comercio y el PRONAF que recibía fondos del gobierno federal.

Al poco tiempo de iniciado el proyecto, y por disputas entre las Secretarías de Comercio y de Hacienda, cambió el apoyo gubernamental y la opinión pública. A un sector de la Secretaría de Hacienda no le gustaba la idea de no poder cobrar impuestos a esta nueva industria. A raíz de eso, se comenzó a utilizar la palabra maquiladora que se convirtió en un término peyorativo por medio del cual se aludía a la maquila como una forma de explotación, en donde no había valor agregado en el proceso productivo y al cual de alguna manera se le consideraba una industria vendepatrias . Aún en nuestros días existen diferencias importantes al respecto entre las dos secretarías.

La decisión de seguir con la creación de la industria no quedó perdida en las secretarías de estado. La promoción e impulso vino del PRONAF. Eventualmente el PRONAF dejó de ser apoyado por el gobierno federal y el tema fue retomado por varios emprendedores mexicanos en la frontera norte que lograron crear una industria que abrió la primeras plantas en 1965 (A.C. Nielsen y RCA).

La falta de apoyo a este sector, la mala integración con la industria mexicana y hasta la mala imagen pública tienen sus raíces en dos confusiones centrales: Primero, pensar que la industria nacional y la IME son incompatibles, e inclusive, excluyentes; y segundo, la politización de este sector.

La politización se debió en gran parte a que en 1964 el Programa Bracero (programa que permitía a trabajadores eventuales mexicanos trabajar en EU), llegó a su fin. No es casual que la industria maquiladora haya surgido un año después. Para algunos, la industria maquiladora fue una imposición del gobierno norteamericano para intentar crear empleos en México para así poder frenar la posible inmigración ilegal a Estados Unidos. Aparentemente esta es la causa inicial de la desconfianza popular y abandono gubernamental.

Mientras en México la industria maquiladora se confunde con el programa de desarrollo industrial mexicano o como un programa de seguridad nacional norteamericano, otros países son capaces de implementar un programa similar y usarlo como canal para que la industria doméstica se desarrolle y comience a exportar y a integrarse a la base productiva mundial.

Hoy en día, la IME mexicana se enfoca cada vez más en sectores de mayor valor agregado (por ejemplo la naciente industria aeroespacial con operaciones en Monterrey, Guaymas y otras ciudades). Esta transición se ve reflejada en la productividad de los empleados mexicanos en la IME que se ha duplicado en menos de cuatro años pasando de US$7,500 en el año 2000 a US$16,000 en 2004.

Aunque insuficiente, la IME ha impulsado la creación de empresas mexicanas como las del sector de autopartes y colaborado en la creación de cierto tipo de clusters . Sin embargo, muchos de los clusters en nuestro país se asemejan más a parques industriales que a verdaderos clusters. Ciertamente un cluster, al igual que un parque industrial, está compuesto de una red de empresas, proveedores, y servicios que cohabitan juntos en un lugar físico ideal para desarrollar el potencial del sector al que se dedican. Sin embargo,   un cluster va un paso más allá, pues también presenta:

•  Cooperación entre empresas para la investigación y el desarrollo con la ayuda de universidades y centros de investigación locales

•  Interacción formal de sus empresas con el fin de poder innovar en conjunto.

Estos clusters han aparecido principalmente en Guadalajara. En los últimos años han surgido varias empresas mexicanas enfocadas al diseño e investigación y desarrollo en el mercado de micro componentes cuyos principales clientes son los manufactureros de equipos originales como HP conocidos como OEM por sus siglas en inglés.

Conclusiones:

Den Xiaoping tiene una frase que viene mucho al caso un año antes de las elecciones en México: "No importa que el gato sea blanco o que sea negro, lo importante es que atrape al ratón."

Con esto en mente, ojalá que el gobierno federal, gobiernos estatales y municipales (incluyendo los poderes ejecutivos, legistaivos y judiciales) en conjunto con la sociedad civil mexicana puedan coordinarse para crear un modelo económico y de industrialización más robusto, con mayor coordinación para mejorar la competitividad.

El viaje a China organizado por la AMPIP nos dió la oportunidad de entender un concepto estratégico que se puede definir en una frase: coordinación por la competitividad.

El nuevo modelo económico debería de ser capaz de coordinarse para lograr crear una plataforma que lleve a México a ser una de las cinco economías más grandes del mundo.

•  Es fundamental que se desarrolle un plan estratégico de crecimiento a largo plazo. Es necesario realizar análisis de benchmark con otros países e industrias para encontrar sectores donde México puede ser competitivo.

•  El modelo educativo y de investigación deberían de estar vinculados y comprometidos con el modelo de desarrollo. Es necesario que la investigación que se haga en México tenga aplicaciones y usos en los procesos industriales de nuestro país. No sólo es una cuestión de gastar más en investigación y educación, sino gastar con una meta clara.

•  México se ha rezagado en infraestructura (transporte & logística, sistema financiero, telecomunicaciones, energía y sistema tributario) respecto a otras economías emergentes. No sólo es importante que se invierta más en infraestructura o que la actual se modernice; se necesita que los cambios o nuevas inversiones en infraestructura soporten el desarrollo y la competitividad de las industrias en las cuales México debe enfocarse.

•  Incorporar a la base industrial mexicana con la industria de la exportación e incentivar la creación de nuevas empresas mexicanas que se enfoquen a proveer a este sector. En otras palabras, ayudar a desarrollar los vínculos entre empresas mexicanas que puedan servir como proveedores de las empresas maquiladoras y que a su vez usen a las empresas maquiladoras como trampolín para exportar. La única forma de poder lograr esto, es con el apoyo de los tres niveles de gobierno, la participación del sector empresarial mexicano y la alineación del sistema educativo y el desarrollo o modificación de la infraestructura.

(Flash)

El apoyo de los tres niveles de gobierno, la participación del sector empresarial mexicano y la alineación del sistema educativo y el desarrollo o modificación de la infraestructura, son la clave para retomar el rumbo y hacer de México una de las cinco economías más grandes del mundo.

Schmidt Samuel, En busca de la decisión: la industria maquiladora en Ciudad Juárez. Colección Sin Fronteras, Universidad Autónoma de Ciudad Juarez y University of Texas at El Paso, 1998

 

 
 
 
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