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Junio 2005
Los 10 principios del liderazgo del Siglo XXI
Por
Adriana Holohlavsky
"Ser visionario, compartir un plan estratégico, cambiar este mundo buscando su mejoramiento y tener una sabiduría directiva enfocada al ser humano como objetivo único y esencial, integran el perfil del nuevo líder para el siglo XXI."
Alfonso Siliceo A. y José Luis González M ., autores del libro Pasión por el futuro.
Alguna vez alguien atinadamente me corrigió al afirmar que vivimos una época de cambios interesantes, diciendo que lo que vivimos en realidad, es un interesante cambio de época. Ciertamente, las antiguas formas y los tradicionales fondos han sido confrontados por el nuevo siglo de una manera contundente. Tal ha sido el golpe, que aún no acabamos de entender el por qué y el para qué de los nuevos paradigmas; sin embargo, nadie es ajeno hoy en día a la incuestionable realidad de los mismos, pues se han filtrado hasta el último rincón de la organización. Quizá usted tenga la suerte de vivirlos desde una cómoda oficina, en algún piso elevado de una ciudad importante, pero quizá , como muchos, lo haga desde el doloroso agobio del desempleo. Seguramente usted ya fue requerido en alguna junta para replantear la misión, la visión y los objetivos de su empresa; o tal vez, en el peor de los casos, haya sido convocado para definir nuevas estrategias de defensa ante los embates de nuevos competidores globales. Lo cierto es que, aun en el joven mundo de la logística, el liderazgo se ve confrontado por los nuevos paradigmas.
Alfonso Siliceo Aguilar y José Luis González Martínez, consultores, investigadores y expertos en el tema, nos comparten en su libro Pasión por el futuro , estos 10 importantes principios a considerar para redireccionar los esfuerzos corporativos en aras de obtener, o bien, mantener el liderazgo en el mercado. Echemos un vistazo a éstos, no sin antes recordar lo que a continuación me permito citar de los autores:
"Ser visionario significa tener la capacidad para crear y compartir un proyecto de futuro, que generalmente requiere un cambio, una evolución y un proceso de mejora continua. La capacidad visionaria de los dirigentes está relacionada directamente con su nivel de madurez, así como con su capacidad creativa e innovadora para transformar y mejorar al mundo, es decir, con su capacidad para ser un agente de cambio."
En el contexto globalizado del Siglo XXI, las empresas y las organizaciones no pueden encerrarse en sus propios intereses privados e institucionales, y desentenderse de los proyectos sociales. Las empresas deben entender que abrirse a esta necesidad, no tan sólo beneficia a la sociedad, sino a la supervivencia de la empresa misma.
Apelando al decir de Peter Drucker, "La planeación estratégica no tiene que ver con decisiones futuras, sino con el futuro de las decisiones presentes", los métodos de la planeación estratégica tradicional no han dotado a las empresas de orientación al futuro y a la sociedad. Por el contrario, las han colmado de indiferencia ante la exhibición ofensiva de injusticia social reflejada en el hambre y el dolor de la humanidad. Empresas, Estados y Organizaciones no pueden quedar al margen de la responsabilidad de dicho entorno.
La ideología inherente a esa planeación estratégica tradicional consistente en que la sociedad tan sólo es un mercado y la persona un cliente, nos ha hecho olvidar y dejar a un lado la consideración a la cultura, a la memoria histórica, a las relaciones humanas, a proyectos personales y al bienestar colectivo entre otros muchos aspectos que resultan indispensables para desarrollar un espacio de realización humana con un futuro promisorio y sustentable.
Con base en los puntos expuestos anteriormente, no podemos más que concluir que la relación de las organizaciones con las condiciones de vida humana es lo que definirá la trascendencia de las mismas. Esta relación deberá trasladarse a sus productos y servicios, así como a su visión, misión y valores. Ya no es viable definir a una empresa por su producto y rentabilidad, pues ello tan sólo proyectaría una actitud egocéntrica y narcisista.
Al no darse la oportunidad de trascender y someter sus intereses particulares a los de la sociedad, y por tanto, a los de la humanidad, las empresas podrían convertirse en "depredadoras" a riesgo de atentar contra su propia supervivencia, pues a decir de Siliceo y González, "no podemos olvidar que en un planeta calcinado y en una humanidad rabiosa por la injusta degradación, nadie hará negocios."
Para los autores de Pasión por el futuro , "trascender o morir" no es un truco de motivación o de marketing, sino un principio derivado de las necesidades humanas insatisfechas, y de tragedias sin respuesta que reclaman un digno espacio de oportunidad y desarrollo.
Los nuevos tiempos apelan a la imaginación y planeación estratégica de las organizaciones, tanto privadas como públicas, para explorar nuevos nichos de negocio y servicio desde los paradigmas de la salud social, la ecología y el futuro con sentido humano.
Estos nuevos paradigmas requieren replantear algunos dogmas de la planeación estratégica tradicional, tales como: Empresa vs Accionistas, en términos de cómo administrar el capital para pagar el costo de los nuevos cambios; Rentabilidad vs Comunidad, en términos de cómo responsabilizarse ante el desempleo ocasionado por los despidos, liquidaciones y fusiones que, con el afán de incrementar utilidades, lastiman considerablemente a la sociedad; Liderazgo vs Recursos humanos y organizacionales, en términos de hacer un uso responsable de éstos últimos sancionando la malversación de los mismos, sobretodo de los humanos; por último, Cliente vs Organización interna, en términos de no sacrificar la integración interna de las empresas por la obsesión fetichista hacia el cliente que lleva a mirar hacia fuera cuando internamente se comparten esfuerzos día a día en torno a una misma visión, acaso ¿vale la pena descuidar nuestras relaciones interpersonales dentro de la empresa cuando de la colaboración depende nuestro éxito?
Finalmente, a decir de Siliceo y González, no se puede esquivar la responsabilidad de lo central, la educación, el secreto de toda forma de realización humana; por lo que los nuevos paradigmas requerirán también replantearse los esquemas de capacitación de personal que hoy, más que nunca, deberán contar con una orientación más valiosa. El incremento de la variable "riesgo", con el arribo del siglo XXI, también ha alcanzado a los contenidos y programas de capacitación poniendo en riesgo la convivencia humana del futuro. Ciertamente, los grandes problemas de la humanidad tienen su origen en la falta de educación integral; por ello, la máxima prioridad de la empresa hoy en día deberá ser su misión educativa y formativa.
"El hombre de negocio sensato debe saber que el único mercado con futuro es una sociedad saludable con relaciones interculturales e internacionales equitativas e incluyentes con todos los pueblos," dicen Siliceo y González puntualizando que "El 11 de septiembre de 2001 no fallaron los mercados, sino los valores de nuestra convivencia humana planetaria. Los ingenieros de la planeación estratégica mundial nos fallaron: sus presupuestos de que el mundo se maneja como si fuese solamente un mercado resultaron falsos."
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